Diana Salazar 

En una antigua fábrica de calcetines en Cholula, Puebla, tiene su cueva, su refugio para crear.

“La pintura te sustrae por completo del tiempo cronológico, incesante”

 

TIEMPO INTERIOR

La vida espiritual y la vida artística, son vidas internas, son vidas introspectivas en las cuales el tiempo opera en otras dimensiones, ajenas al tiempo cronológico o mundano. Es fascinante esa dualidad de la vida cotidiana, es enigmática, porque este tiempo externo y convencional que se me va dando clases o en ir al banco, etcétera, se convierte en una cascada de sucesos, muchas veces incontrolables. Tenemos sensaciones, percepciones, pensamientos y todo se viene en una avalancha y al entrar en el tiempo interno, toda esa vorágine o ese vertiginoso proceder empieza a callarse y entro en un estado más contemplativo, más introspectivo, en un “no tiempo”, puedo estar concentrada durante horas, sin parar, a lo mejor haciendo un color, algo tan sencillo y al mismo tiempo elaborado, complejo y profundo. Dibujar una composición, crear una atmósfera en la pintura, te sustrae por completo del tiempo cronológico, del  tiempo incesante.

LA CUEVA DEL ARTISTA

El presente es lo más difícil de vivir de manera plena, no digamos conscientemente, sino de manera profunda. Estamos atrapados en el pasado, en el futuro, planeando, recordando o divagando. Es una prisión vivir desfasados del tiempo presente, necesitamos un adiestramiento mental o hacia un mundo interno para acceder a ese presente de manera plena y profunda. La pintura es una enorme bendición para mí porque si bien de momento no existen las condiciones para irme a una cueva o a sustraerme por completo de una realidad convencional, la cueva es el estudio de artista, el estudio del pintor. En mi estudio puedo crear un mundo paralelo al físico, es una sustracción de la vida convencional y mundana, del ruido. Al pintar, mi premisa hacerlo sola y en silencio, y nada puede ser más inductivo para crear este mundo fuera del tiempo.

EL TRAYECTO DEL TIEMPO

Estamos en el tren del tiempo, aunque no quiera uno pertenecer al él, más bien lo que tenemos que hacer es subirnos de manera apacible y con aceptación, para aprender a vivir en ese presente en el cual aparecen imágenes inconexas, que nos remiten a los sueños porque constantemente percibimos imágenes absurdas, ya sea por pulsiones, o por evocaciones, emociones, aparecen sin lógica. Pensamos que el tiempo le va a dar una lógica a la realidad, le va a dar sentido y no existe tal realidad, no existe tal sentido, todo es una proyección mental de cada persona. La pintura también es eso, es una aparición de algo que estaba invisible, como decía Juan García Ponce, esa aparición de lo invisible, de lo inconexo, sólo encuentra su razón de ser en el cuadro final.

SEMBLANZA

Académica de la Facultad de Arte y Diseño de la UNAM, su obra pictórica es parte del proceso de meditación y estudio de sí misma. El análisis del trayecto, el traslado existencial de un estado a otro, lo manifiesta en pinturas con ese viaje efímero, incesante.

Le Temps

Óleo sobre tela 

130×130 cm 

2019 

 

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