Jorge Luna

Obsesionado con la observación reproduce las curvas de las cebollas, las lechugas, los frutos se suman a la trampa visual que inventa en los reflejos de los cristales y esferas.        El ejercicio heredado del Barroco, plantea una realidad artificial que percibimos como real.

“Hago una serie de distorsiones y deformidades para que exista una armonía”.

A la pintura le funciona el engaño, las deformidades le otorgan verosimilitud, es el reto de Jorge Luna.

FUSIÓN PINTOR Y PINTURA

Vas descubriendo conforme vas haciendo el cuadro. No puedo decir que sé lo que voy hacer porque realmente el cuadro, en cuanto se va haciendo, va revelando todo su trasfondo. Esa es la convivencia, no sabes si el cuadro te hace a ti, o tú haces al cuadro. El cuadro te empieza a nutrir, a alimentarte de ciertas cosas que no conocías.

ARTIFICIO Y  PINTURA

Estéticamente, cuando hay un cuerpo geométrico no tiene dimensión, el plano es bi-dimensional y no tiene volumen, es incorpóreo, nada más es el área, entonces el artilugio de la pintura es hacer de una superficie una ilusión espacial, tiene la posibilidad de hacer un espacio dentro de otro espacio, y traer lo que está fuera del cuadro hacia adentro. En “Las Meninas” el interior y el exterior son simultáneos, el espejo tiene tantas posibilidades que se sigue explotando.

VEROSIMILITUD Y ENGAÑO

Te podría mostrar las falsedades que hay en mis perspectivas, o en las perspectivas de todos los artistas, al pintar voy inventando y digo: “no, no, este reflejo no convence, lo voy a distorsionar y nadie se va a dar cuenta de que lo distorsioné”. Es evidente que trabajo a partir de fotografías, pero hay veces que tengo una fotografía y digo: “aquí hay un buen cuadro”, aunque la fotografía sea pésima, y hay veces que tengo una buena fotografía y digo: “no, en esta fotografía hay algo que en el cuadro no va a funcionar”, entonces hago una serie de distorsiones y deformidades que no se van a notar como deformidades, al contrario, va existir una armonía.

NATURALEZA MUERTA Y EL ARTE DEL VINO

Los colores del vino, están las copas, esa botella es el vino espino ¿cómo hacer un algo que englobara todo? y en un bodegón que han hecho millones, hacer uno que sea distinto, que sea algo mexicano. Cuando el vino llegó a México los ingredientes y las verduras empezaron a convivir en sus propios entornos, se adaptaron, se transformaron, y podríamos decir que se volvieron criollos, por eso puse aquí a estos personajes mágicos que son muy nuestros, como don Juan, la Sabina, la Catrina. La uva verde y la uva roja, colores tan distintos en frutas tan similares. Los vinos mexicanos son de sabores fuertes, son exóticos, tenemos perfumes totalmente distintos a los vinos europeos. Quise hacer algo mexicano porque estoy tratando de mexicanizar cada vez más mi obra, llevarla a hacia nuestra propia esencia y desligar ese vínculo tan perverso de la mexicanidad asociada a la pobreza, al folclore fácil. Era muy importante tener un fondo que conviviera con los reflejos, obviamente nunca sé lo que va a pasar con los reflejos,  qué curvas me van a dar… es lo bonito,  sorprenderse, pero cuando veo la refracción y veo que se hace como sarapes, dije bueno, pues aquí está.

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