Jorge Obregón

Paisajista que participó en la Poesía vista por el Arte. Con sabiduría aborda el paisaje transformado por el ser humano, ahora se enfrenta a un paisaje alterado para producir, es ese entendimiento milenario de los seres humanos de trabajar unidos a la naturaleza.

“El paisaje es la confrontación de la invasión del hombre, y al mismo tiempo cómo lo tiene que respetar”

La historia que guarda un paisaje, viñedos procurados desde el siglo IV, el volcán Etna y el mar que enviaba leyendas.

EL PAISAJE DEL VIÑEDO

Es la luz cálida del Mediterráneo, las sombras y las luces en la época del otoño, es cuando sucede la cosecha de la uva Nerello. El paisaje está  ubicado en la isla de Sicilia, a 800 metros de altura, en las faldas del volcán Etna, el volcán más activo de Europa. Es un cuerpo volcánico que tiene decenas de cráteres, es histórico porque sus erupciones datan desde la época de los antiguos griegos. En la Edad Media, en la invasión a Sicilia por los árabes, le ponen al volcán Yébel Uhamat que significa “Montaña de fuego”; igual que el Etna de los griegos, pero en su idioma.

EL VOLCÁN Y LA UVA NORELLO

Es un volcán mitológico, los antiguos griegos fueron los primeros en establecerse en sus faldas, esa bahía que vemos a la derecha en la que actualmente está Catania, era de los principales puertos marítimos pesqueros para comerciar. En este cuadro, el lugar más importante es la luz, la bruma y la humedad del mar que se conjuga con los vientos que vienen del sur de Sicilia, el famoso Siroco, que es el viento que viene del norte de África, del desierto del Sahara, y baña de una calidez tremenda toda la isla de Sicilia. Esa combinación del calor, la humedad y el frío de la montaña que gran parte del año tiene nieve, influyen en esta uva Nerello Mascalese, que es el nombre de denominación de origen porque se da solamente en suelos volcánicos altamente arcillosos, arenosos, muy ricos en azufre y minerales que le dan un sabor muy especial.

EL OLIVO Y LA VIÑA

Es muy bonito cómo conviven los olivos con los viñedos en este lugar, incluso hay olivos muy antiguos que estuvieron antes de que se pusieran estos viñedos. Es la confrontación de la invasión del hombre al campo, al paisaje, cómo lo transforma pero al mismo tiempo cómo lo tiene que respetar. Simbólicamente quise dejar ese olivo a la mitad del viñedo porque así sucede, de repente puede haber un olivo que tiene más de 200 o 300 años, ahí está el olivo y el viñedo tiene que pasar al lado del olivo que ya está ahí, no lo trozan, no lo quitan, porque es un olivo que lleva años, entonces esa convivencia entre lo agreste de la naturaleza y el tratar de dominar haciendo estas terrazas.

BELLEZA TOPOGRÁFICA

En este paisaje quise llevar visualmente al espectador por este accidente topográfico, entre terrazas, líneas paralelas que dan vuelta, se entrelazan, conviven con los árboles, con veredas y al final estamos en las faldas de un volcán, que las faldas bajan y llegan hasta el mar, esa convivencia desde lo plácido del mar hasta el horizonte plano. Algo que me dio mucha ilusión y pasión al hacer este cuadro fue el análisis topográfico, al final son las terrazas, pero al mismo tiempo las líneas que dejan los surcos de los viñedos. Este paisaje está pintado a la hora del amanecer, es una mañana de otoño, el sol sale a la derecha del Este y baña de luz la cumbre del volcán.

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