Karima Muyaes

Rebelde y apasionada de su herencia y su obra, ha desarrollado su carrera en el dibujo, la gráfica la pintura y la intervención de objetos. Su familia posee una de la colecciones de máscaras tradicionales mexicanas más grande del país, que se incorpora a su trabajo en una relación de amor y contradicción.

“Siempre he buscado en mi obra el sentido chamánico”

El arte y el chamanismo femenino, los objetos, las colecciones infinitas en un estudio en cambio constante.

LAS MÁSCARAS Y LA PINTURA 

La intervención de las máscaras fue aceptación y rebelión, decidí que estos objetos son parte de mi vida, realmente no hay escapatoria, pero al mismo tiempo no son sagrados, puedo usarlos y volverlos parte de mi obra. Considerando siempre que no sea una máscara que tenga un valor estético maravilloso, no me atrevería a tocarla, pero hay máscaras que aún no están terminadas o que realmente me están hablando y diciéndome “hazme algo, hazme algo”, entonces me apoderé de esa parte de la colección para hacerla mía y al mismo tiempo combinarla con las tradiciones. En la pintura, pues siempre estoy incursionando en diferentes lenguajes, trabajo por series, estoy muy interesada en los símbolos y glifos, toda la parte prehispánica, busco la manera de interpretar estos símbolos de diferentes formas y hacerlos universales.

CHAMANISMO Y PINTURA

Lo que busco en estas series es en cierta manera construir códices e historias tomando distintos materiales como el papel amate. En los años ochenta básicamente mi obra era sobre papel amate y después fui cambiando a la pintura, la gráfica, ahora volví al papel amate haciendo una serie que es una historia narrada en distintos  collages inspirados en los recortes que se hacen en San Pablito Pahuatlán, en Puebla, donde los chamanes usan los recortes para hacer las limpias y sanaciones a los habitantes. Siempre he buscado en mi obra el sentido chamánico, que es parte de nosotros, de nuestra cultura, la naturaleza, la tierra, el fuego, el agua, el espíritu, el alma, y al mismo tiempo lo combino con elementos pictóricos gráficos contemporáneos.

EL ARTE DEL VINO

Es muy interesante porque en un tiempo hice muchísimos bodegones y naturalezas muertas y lo dejé; ahora con este proyecto fue volver a la creación, la máscara que es la botella, pero es las piernas, y es el alambique, los barriles, las uvas se convierten en vino y el vino se convierte en una mujer que está dando vino en lugar de leche. Es la creación, la tierra, la vida, el poder, la luz, las copas. Las formas, esas geometrías que son increíbles, que son las barricas, que son las copas, ese sentido cubista que a mí me encanta y me remite mucho al vino, a Braque, a Picasso. Quería hacer algo diferente a lo que estaba haciendo sumando los elementos que me mueven, buscando una transformación en un rompecabezas: el hombre se convierte en botella, y la botella es una máscara, y la máscara es una copa, y la copa es una barrica, y la barrica se convierte en mujer, y el hombre carga el mundo que es el vino y es universal, data de siglos atrás. Los reflejos de la copa, cómo se ve el vino a través del cristal, cómo brilla, cómo se refleja, el color, el vino blanco, el vino tinto; quería dar, una idea del Universo, de un Baco cubista, un Baco chamánico, un Baco con máscara, la madre tierra del vino. Debo de confesar que los cuadros cubistas me movieron mucho en la combinación de grises, de amarillos, de naranjas y negros que dan una geometría muy precisa, muy rica, muy agradable a la vista.

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