Inspirada en una pérdida, esta canción es una promesa de amor eterna, es la obsesión de conservar el recuerdo, vivirlo como al amor mismo, hacer persistir esa intangible presencia.  El maestro Roberto Belester es el autor de Nunca voy a olvidarte, y Raúl Campos recrea la canción en un dibujo.

 El misterio de la autoría desconoce los alcances de esa obra en el futuro, aunque conozca los orígenes en el pasado, nos dice Roberto Belester: “Es increíble. No me explico; uno cuando está componiendo una canción no tiene idea si va a gustar o no. Simplemente uno es el autor. La escribe porque es una necesidad de decir lo que nos pasó en la vida real. Esta canción es algo que me pasó realmente y es importante que la gente sepa por qué. Todas las despedidas, aunque vayan a volver, son tristes. Esta vez fue para no volver. La despedida fue de parte de mi pareja, de parte de ella. Me dijo que habíamos tenido una bonita relación, pero que tenía que terminar porque yo era un poco mayor. La sentí tanto que nació esta canción. Muchísima gente la tiene considerada suya y, realmente como lo dije al principio, no me imaginé que fuera a tener tanto alcance. Llegó a tal grado que los amigos, los compañeros, se despiden en las escuelas con esta canción. Me han contado historias de niños que se despiden de sus padres. De parejas no digamos; es para parejas la canción. Esto ha pasado a nivel internacional, porque la grabó primeramente el grupo Bronco, después la graba Cristian Castro; y se va la canción a todos los confines. A toda América”.

Raúl Campos también tiene a alguien quien no quiere olvidar, y su experiencia en la realización del dibujo inspirado en la canción: “Me recordó a una relación que tuve hace algunos años, hace tiempo. Me gusta que es como un adiós comprensible, no lo está atacando; le está diciendo “gracias por todo y adiós”. En el dibujo, se trata pues de este momento que la chava está como abrazando la cama, la almohada y oliendo el perfume o el olor de la persona. Cegada, por eso no tiene ojos; está cegada por este amor incondicional”.

En el arte hay mito de que la melancolía, la tristeza, el dolor, producen grandes obras y poemas. El dolor es una cosa que nos une a todos los seres humanos, nos explica Roberto este proceso: “Es algo muy sencillo, si uno transmite las cosas tal como las sintió, no estoy inventando nada. Estoy diciendo la verdad. Estoy diciendo lo que todo mundo quisiera decir y no puede. Nosotros tenemos el don de poder describir, y tener esa melodía que nos nace del alma y que esa melodía tiene un estilo propio. La melodía tiene mucho que ver. Esa melodía es el idioma universal. Por ejemplo, como autor, recibo liquidaciones de países como Japón, de Australia, etcétera. Quiere decir que mi melodía la tocan allá”.

La sinceridad lleva a ese alcance universal, nos dice Raúl: “Creo que en parte también es un desahogo. Necesitas que salga, y hay gente que lo puede expresar, de una manera artística. A mí me nace en la pintura. Necesito, si no me vuelve loco. Es esa idea de que no te deja dormir, que te tiene cabeza abajo. Hasta que no la sacas. Y de repente, cuando ya sale, ahora le tienes que dar forma. Porque es una idea muy abstracta. Ahí es donde viene lo de la técnica. Trabajas hasta que te llena un poquito, y la ves y te transmite algo. Realmente hay veces que pasa, que la obra no te da nada y la tienes que deshacer, que destruir. Como esos procesos que tienes en la vida. Que te has arrepentido de varias cosas. Muchas son obras inconclusas”.

Todos sentimos y todos quisiéramos sacar el dolor, pero traducirlo en una obra de arte es técnica, dice Roberto: “Hay que ser profesional. Hacer las cosas bien. Primeramente, pues el primer juez es uno. En mi caso, con mis canciones, termino mi obra y, cuando creo que está bien, le doy otra pulida; y cuando siento que la canción me está llegando más, quiere decir que logré lo que voy a transmitir a la gente. Si me emocionó a mí y me hizo sentir algo, entonces la presento. No te explicas si la gente la va a aceptar o no, pero de todos modos ya, para empezar, a mí ya me gustó”.

Nunca voy a olvidarte
Grafito, carboncillo y conté sobre papel
50 x 30 cm
2020

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